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Cómo se informan (o no) de política los españoles

Ayer se publicaron los resultados de la encuesta postelectoral del CIS.

Animo a leerlos porque sirven para conocer mejor el estado (desencantado) de la política en España y el peligro que corremos de que salga un salvador nacional.

Pero además, el CIS nos proporciona unas cuantas preguntas sobre los medios de comunicación que permiten entender mejor el nivel informativo de la población española.

 

Quién lee diarios en España

Quién lee diarios en España

 

Y si no se informan con los diarios (ni en papel ni en Internet) ¿cómo se informan de política los españoles?

Españoles que se informan de política a través de la TV

Españoles que se informan de política a través de la TV

¿Y qué canales de televisión utilizan los españoles?

Canales de TV que utilizan los españoles para su información política

Canales de TV que utilizan los españoles para su información política

Y así estamos.

Personalmente considero que no se puede estar informado de política por la televisión. En general, no se puede estar informado de casi nada sin leer. Que alguien me explique por qué Maurizio Carlotti quiere eliminar el informativo de Antena 3 y la Sexta de las 9 de la noche Corregido: Maurizio Carlotti ha aclarado que no aboga por eliminar el informativo de las 9 sino por reformarlo.

Y, por último, el uso de las redes sociales – de Twitter, mejor dicho- también tiene que ver con las preferencias políticas.

Uso de redes sociales

Uso de redes sociales

Podemos: un chaval con coleta que sale en la televisión

 

Quizá alguien de otros partidos debería reflexionar sobre qué ha pasado para que unos académicos del campus de Somosaguas que ganan cuatro duros hayan superado a sus asesores políticos millonarios.

La sociedad es un océano inabarcable, así que lejos de mí intentar con cuatro palos explicar la elección de los parlamentarios europeos que se realizó ayer.

Todos estamos sometidos a cientos de influencias: interpersonales, institucionales, empresariales y de los medios de comunicación; en la calle y en Internet. Saber qué influye más a cada persona sería labor casi inútil.

Uno de los resultados que ha sorprendido más es el de Podemos, partido surgido aparentemente de la nada y que se ha llevado 5 escaños.

Podemos es un partido de extrema izquierda que emerge del 15-M y, antes, de los movimientos antiglobalización, las movilizaciones contra la guerra de Irak y el Prestige.

Su líder, Pablo Iglesias, es doctor de la Universidad Complutense en ciencias políticas desde 2008. En esa misma Universidad (Campus de Somosaguas) terminó su licenciatura en 2004. Tiene una línea de investigación constante sobre los movimientos alternativos y aúna en su persona la investigación con la militancia. Como curiosidad, os diré que en mi tesis cité a Pablo Iglesias y una de sus comunicaciones sobre el 13-M en la que describía las disputas internas de los organizadores de la protesta ante la sede del PP.

Los movimientos antiglobalización han sido pioneros en el uso de Internet, de los medios sociales que existían en 2000 a los de 2014.  ¿Qué ha cambiado de entonces a ahora para que se haya consolidado un partido político que ha obtenido más de 1 millón de votos?

En mi opinión, la televisión. Sí, la vieja televisión. Esa clave podemos encontrarla ya en su tesis doctoral:

En ese contexto, Luca Casarini abrió una polémica con los sistemas de publicación abierta afirmando que el media sirve para disparar, para combatir (2002a:32). Si en Seattle una herramienta como Indymedia (que permitía a los activistas subir cualquier tipo de información y en cualquier formato a Internet) había resultado revolucionaria, tres años después, había perdido buena parte de sus virtudes. Si bien seguía representando una herramienta útil, su propio formato difuso tendente a la acumulación indiferenciada de noticias, le impedía competir con los medios convencionales. (pag 396)

Iglesias se había dado cuenta ya de que Internet es útil para la guerrilla pero poco eficaz frente a los cañones de los medios de comunicación. No hace falta más que recordar la intensa (y estéril) actividad en las redes sociales del movimiento 15-M. Aquello, que era teóricamente apartidista, finalmente por la eficacia de algunos como Pablo Iglesias, terminó en un partido político. Aquello, que era transversal, acabó en un partido comunista.

Los movimientos marginales -no en sentido peyorativo sino meramente descriptivo- tienen una mejor habilidad para asumir el cambio, pero para llegar a lo masivo, necesitas normalizar tu mensaje. La normalización la hace estupendamente la televisión. Una cosa es ver las fotos de personas debatiendo en Sol o leer sus tuits y posts y otra muy diferente es encender la tele de tu casa y ver a Pablo Iglesias en un plató debatiendo con Marhuenda.

Pablo Iglesias es un personaje televisivo. Buen tertuliano, se pulió en una televisión del diario Público, La Tuerka, como presentador y moderador. Luego comenzó a participar como tertuliano habitual en La Sexta y Cuatro, incluso en Intereconomía.

Es sosegado, claro, convincente. Jamás concreta cómo va a conseguir los billones que harían falta para su mundo y se queda en blanco ante los que saben más que él de economía. Esto no importa demasiado si estás hablando ante una audiencia que está desencantada con los dos grandes partidos que le han representado en los últimos 30 años y que soporta un paro de más del 25 por ciento. El clima será a tu favor, eres el bueno. Es la televisión, es entretenimiento.

Podemos es un partido personalista por esta misma razón. Es útil. Pablo Iglesias lo decía en una entrevista a El País:

“Los compañeros entendían que uno de los puntos fuertes era tener a una persona, en este caso yo, conocida por su aparición en televisión. Creo que el balance es positivo porque nadie puede presumir tanto como Podemos por haber movilizado a tanta gente que se está reincorporando a la política”.

Al decidir poner su cara como símbolo del partido en la papeleta, estaban siendo prácticos:

A la hora de justificar su medida, el grupo promotor de Podemos argumenta que “todos los estudios que maneja el equipo de campaña de Podemos y los que han sido publicados en los medios de comunicación, coinciden en que entre los ciudadanos es mucho más conocido Pablo Iglesias que la iniciativa”. No obstante, añade que “cuando se sugiere su existencia la gran mayoría manifiesta simpatía por los postulados centrales”.

En un perfil publicado hoy en El País insiste en lo mismo:

“Nosotros no contamos con la financiación del PSOE y el PP, no hemos pedido créditos, no tenemos amigos poderosos, ni amigos en los medios que nos den concesiones por favores, tenemos un chaval con coleta que sale en la televisión”, se defiende Iglesias.

¿Y en Twitter? En Twitter también es más conocido Pablo Iglesias que Podemos. Desde el sábado a hoy, Podemos ha pasado de 53.000 a 114.000 seguidores en Twitter, los ha duplicado, lo cual nos da idea de la fuerza que da salir en los medios. Pero Pablo Iglesias ha pasado de 167.000 a casi 250.000.

Comparación de seguidores de Podemos y Pablo Iglesias

Comparación de seguidores de Podemos y Pablo Iglesias

¿Cómo gestionarán ese personalismo a partir de ahora? ¿Se podrá permitir Pablo Iglesias no asistir a las tertulias?

Tienen una victoria difícil de gestionar, pero no me cabe la menor duda de que no son unos aficionados.

Actualización: añado el excelente perfil realizado por Pablo R. Suanzes El líder que profesionalizó las tertulias

 

Rouco y la guerra civil

Definición de escándalo farisaico.

Editorial de El Mundo el 24 de marzo de 2014

CON ADOLFO SUÁREZ desaparece una figura clave de la Historia de España, uno de los grandes, el hombre que fue capaz de dirigir a España desde un régimen autoritario a un modelo de democracia plena en un tiempo récord y hacerlo en paz, lo cual no quiere decir sin víctimas, sino sin la temida repetición de un enfrentamiento violento entre los españoles. El país había asistido al final del régimen franquista con una gran incertidumbre sobre el futuro, con un indisimulado temor a ese futuro, pero también con la determinación no formulada públicamente, pero compartida por todos, de no volver a repetir el horror de una guerra civil.

Editorial de El País el 24 de marzo de 2014

Lo que más se echa de menos en la España del presente es aquello en lo que Suárez fue maestro durante sus primeros años en el poder: la búsqueda de salidas pacíficas a conflictos que parecen de solución imposible. Todos los sondeos de opinión recientes muestran una masiva añoranza ciudadana del estilo político de la Transición, anhelo que no ha dejado de acentuarse a medida que el deterioro del conjunto de las instituciones surgidas entonces se ha hecho más visible. Muchos echan de menos su autoridad y credibilidad en medio de la coyuntura crítica que vive España, sacudida por problemas económicos y enfrentamientos territoriales, cuando la crispación y el bloqueo de todo diálogo interpartidista se han adueñado de los espacios que en época de Suárez ocupaban el diálogo y la exploración de consensos, por extraordinarios que fueran los obstáculos a superar.

Homilía de Rouco en el funeral de Suárez el 31 de marzo de 2014

La concordia fue posible con él. ¿Por qué no ha de serlo también ahora y siempre en la vida de los españoles, de sus familias y de sus comunidades históricas? Buscó y practicó tenaz y generosamente la reconciliación en los ámbitos más delicados de la vida política y social de aquella España que, con sus jóvenes, quería superar para siempre la guerra civil: los hechos y las actitudes que la causaron y que la pueden causar.

Suárez, un político erguido

La política es una actividad nobilísima que en España se ha convertido en refugio de las personas con menos escrúpulos.

Los ciudadanos hacen cola para despedir al expresidente Adolfo Suárez

Los ciudadanos hacen cola para despedir al expresidente Adolfo Suárez

Hoy despedimos al primer presidente de la democracia y muchos estamos nostálgicos de aquellos momentos de la transición.

No porque fueran unos años ideales. Todo aquello podía haber acabado muy mal. No acabó mal, se desarrolló muy mal porque elegimos unos gobernantes que en vez de ir apuntalando aquella casa que se había construido deprisa, con los materiales que había a mano, se dedicaron a explotar sus puntos débiles, infiltrando la sociedad, los medios de comunicación, las instituciones de partidismo. Acompañando ese proceso se miró con desgana cómo la corrupción política se extendía desde la Administración a los administrados, de los políticos a los medios de comunicación, la banca, las grandes empresas, los sindicatos, la patronal.

Ayer murió Adolfo Suárez y la noticia debería ser que nunca estuvo en ningún consejo de administración tras dejar la política. No hubo puerta giratoria para él, nadie le recibió en la banca, ni en una energética, ni siquiera en un grupo editorial.

Permaneció erguido en la toma del Congreso y permanece erguido en nuestra memoria. Lástima que los políticos actuales tengan la piel tan dura. Cualquiera se sentiría avergonzado.

Entrevista a Adolfo Suárez en 1980. “En España las cosas entran por el oí­do, se expulsan por la boca y no pasan nunca por el cerebro”

Comprendiendo a McLuhan

Marshall McLuhan

Marshall McLuhan. By John Reeves, via Wikimedia Commons

En Aceprensa, con motivo del 50º aniversario de su libro Understanding media, publico un artículo sobre Marshall McLuhan.

Fuentes que he utilizado para escribirlo:

Culkin, J. M. (1968). Churchman’s guide to Marshall McLuhan. Religious Education, 457-462.

Dahl, H. F. (1994). The pursuit of media history. Media, Culture and Society, 551-564.

Doval, M. (16 de junio de 2013). McLuhan, su aspecto más desconocido.

McLuhan, M. (1964-1996). Comprender los medios de comunicación. Barcelona: Paidós.

Nieta, M. Á. (23 de marzo de 2011). Superficiales. ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?

Playboy Magazine. (marzo de 1969). The Playboy Interview: Marshall McLuhan. Playboy Magazine.

Strate, L. (2004). A Media Ecology review. (C. f. Culture, Ed.) Communication Research Trends, 23 (2), 3-38.

Wolf, G. (enero de 1996). The Wisdom of Saint Marshall, the Holy Fool .

 Este año se cumple el 50º aniversario de la publicación de Understanding media (“Comprender los medios de comunicación”, en su traducción al español) del pensador Marshall McLuhan, lingüista canadiense, amante de la literatura, profesor universitario.

Sus libros – también “Comprender los medios de comunicación”- son mosaicos irónicos plagados de aforismos en los que es difícil encontrar el hilo conductor; más poéticos que ensayísticos, suscitan más preguntas que respuestas. McLuhan era un provocador intelectual que buscaba hacer explícito lo implícito y, para conseguirlo, no dudaba en utilizar la exageración.

A continuación el enlace sólo para suscriptores.

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Pedro J. Ramírez deja de ser director de El Mundo

Un periódico hecho a imagen y semejanza de su director despide hoy a su fundador: el proyecto intelectual de El Mundo cambia

Pedro J. Ramírez despidiéndose de la redacción. Foto: Pablo R. Suanzes

Pedro J. Ramírez despidiéndose de la redacción. Foto: Pablo R. Suanzes @Suanzes

Cuando se fundó El Mundo en 1989, España era un frenesí. Tras 7 años de gobierno del PSOE en los que el país había cambiado tanto que no lo reconocía ni la madre que la parió (en palabras de su vicepresidente, Alfonso Guerra) la opinión publicada contaba con pocos medios críticos y con auténtico periodismo de investigación. Medios críticos había muchos: Antena3 Radio, ABC, Ya, Cope…; pero la crítica se ceñía a la opinión, porque se investigaba poco o/y quizá mal.

Diario 16 había sido el primer destino como director de Pedro J. y su salida traumática del medio y la posterior fundación de El Mundo nos daban una sensación muy fuerte de periodismo rompedor. En la radio, el irrepetible Antonio Herrero era el único que se podía medir con Pedro J.

Aquellos años fueron un frenesí: cada día un escándalo salía a la luz y, sin Internet, yo tenía la sensación de vivir en un ciclo de noticias similar al actual.

No puedo ser objetiva con el periodista Pedro J., al que llevo leyendo tantos años y con quien he conversado a veces en Twitter, pero sí que me gustaría hacer un pequeño repaso de lo publicado suspendiendo el juicio, algo que no se suele hacer en España, tampoco los periodistas:

1. Pedro J. Ramírez es destituido por las pérdidas de El Mundo: En ese caso, que destituyan a todos los directores de periódicos. En este caso, con una agravante: si eso es verdad es como para que los directivos de Unedisa se pregunten sobre cuál es el peso del humo. Una cabecera hecha a imagen y semejanza de su fundador pierde gran parte de su valor en el momento en que éste la deja.

Una variante de esta explicación cuenta con el enrevesado argumento de que él mismo ha provocado su salida para quedar como un héroe de la libertad de expresión. Nunca he visto a nadie provocar su salida de una empresa disfrazándose hasta de Papa Noel para vender periódicos. Nunca he visto a ningún director de periódicos empeñándose tanto en vender su producto.

2. Pedro J. Ramírez es destituido porque está perdiendo lectores entre los votantes del PP. Si alguien piensa en que eso significa algo, no sabe nada de votantes ni de periodismo. La avalancha de votos que el PP tuvo en 2011 son prestados, prestadísimos. Y muchos seguro que fueron de lectores de El Mundo. Y muchos de esos lectores no van a repetir su voto. Ahora mismo hay dos periódicos de derechas compitiendo a ver quién es más complaciente con el gobierno, ¿puede alguien querer entrar en esa competición para arañar 16 lectores a esa competencia?

3. Rajoy, el Rey, la oposición se deshacen de un periodista crítico. No sé hasta qué punto. Este hombre ha sido trending topic desde ayer, eso no es muy habitual, no deja a nadie indiferente. ¿Alguien ve a Pedro J. jubilado con 61 años? Yo no. ¿Alguien le va a impedir escribir, colaborar con su redescubierto amigo Jiménez Losantos, intervenir en la Cope, en las televisiones? Vale, me diréis, pero su arma son las exclusivas. De acuerdo: acaba de decir que su problema ha sido que hizo de reportero con Bárcenas. ¿Alguien le va a impedir seguir haciendo de reportero?

a) Le queda su carta del domingo en El Mundo. Ha dicho a la redacción que mientras no le impidan publicarla no se publicará en otro sitio. O sea, que si se lo impiden seguirá escribiéndola y publicándola.

b) Tiene registrada la marca El Universal y un redactor jefe de El Mundo el dominio eluniversal.es, según Marcos Merino.

c) La adhesión a Pedro J. en la redacción de El Mundo es muy fuerte. Hoy y ayer he visto tanta admiración y añoranza preventiva por el defenestrado entre sus periodistas que he tenido la sensación de encontrarme con un duelo ante un difunto. Ni una muestra de alivio o de desdén, ni un elogio forzado. Esto es muy indicativo de la capacidad del hombre Pedro J. para infundir seguridad. Sienten que se quedan huérfanos. Apuesto que unos cuantos se irían a donde él les dijera.

Termino. La única explicación, con juicio suspendido, que encuentro es que Unedisa quiera vender la cabecera de El Mundo y eso no puede hacerlo con Pedro J. dentro. Y, si quiere venderla, es porque tiene un comprador que no quiere este periódico sino otro. Quizá para cerrarlo como hicieron con Antena3  Radio, quizá para fusionarlo (o sea, cerrarlo). Si ha sido una maniobra urdida por el PP o la Casa Real es propia de unos aprendices de brujos.

En todo caso, va a ser mejor esperar a la semana que viene, cuando Pedro J. no sea ya director del periódico y pueda explicar más sobre el tema. Por cierto, ha dicho que habrá libro. Esto acaba de volver a empezar.

De la cultura de la huella a la cultura del impacto

Del 4 al 8 de agosto se celebrará en Oporto, en la Universidad Católica, la 14ª edición de las conferencias de la International Society for the Study of European Ideas (ISSEI). Uno de los conferenciantes es Daniel Innerarity.

Playa de Miramar, Oporto

Playa de Miramar, Oporto

La ISSEI es una asociación que busca reflexionar sobre el legado europeo, basado tanto en la cultura grecolatina como en la judeocristiana. Todos los años se reúnen para un congreso y este año será en la vecina Oporto.

Propuse una mesa para la discusión de artículos en torno a un tema amplio y apasionante: el paso de una cultura de la huella a la cultura (si así se puede llamar) del impacto. Me preocupa el fenómeno de la infoxicación, como ya saben los lectores habituales de este blog, pero también el de la ausencia de narrativas que proporcionen sentido, la idolatría de los datos (sin contexto), la espectacularización de la información, la desagregación informativa, la política del click-and-go, … y el contagio que las instituciones académicas están sufriendo con la absurda pretensión -por ejemplo- de que los temas de investigación han de ser de actualidad y de impacto.

Es decir, se trata de un amplísimo campo de reflexión en el que aspiro a que con mente amplia podamos pensar qué es lo que nos ocurre cuando la tecnología modifica el modo en que percibimos la realidad y la comunicamos.

La palabra huella merece una explicación. Juan José García Noblejas y Carmen Sofía Brenes me entenderán muy bien (y espero que los demás también): la ecología de la comunicación intenta explicar los contextos de comunicación como más o menos adecuados para que las acciones comunicativas tengan éxito. Dentro del ámbito de la ecología se habla de la huella ecológica para referirse a la acumulación de impactos que sufre un ecosistema y que lo modifican. Ese concepto se ha trasladado también para hablar de la huella cultural (cultural footprint) y a eso me refiero: a esa mediación silenciosa que realiza la cultura acumulada durante siglos y que cada vez media menos porque no es compartida por la mayoría de la población, ni siquiera por los universitarios, tampoco por las élites académicas, políticas o mediáticas.

Os animo a presentar vuestras propuestas de reflexión.

A continuación, la traducción al español de la llamada de artículos:

Diez años después de la publicación póstuma de “La edad de la información: una bendición o una condena” de Neil Postman todavía nos  preguntamos cómo la tecnología cambia el modo en que percibimos la realidad, la manera en que aprendemos y nos comunicamos.

Uno de los impactos principales de la tecnología ha sido el aumento exponencial de la información. De los medios tradicionales, que nos proporcionaban narrativas sobre la realidad y una huella cultural, la cultura europea -como el resto de la cultura occidental- está cambiando a un nuevo paradigma en el que el impacto de noticias y datos continuos exige la atención de los individuos y de las instituciones políticas, culturales e incluso académicas.

Desde un legado cultural construido en siglos de reflexión y estudio nos estamos convirtiendo en surfers de la realidad, yendo de ola en ola o, quizá, seremos capaces de encontrar un equlibrio entre la nueva cascada de información y la necesidad de significado.

Las comunicaciones a esta mesa pueden tener un enfoque multidisciplinar o adecuarse al enfoque de las ciencias sociales y, específicamente, al de la comunicación y medios.

La transparencia es sólo un pequeño paso

A veces pensamos que con la mera transparencia se solucionarían decenas de problemas de corrupción en la Administración pública. Yo solía pensar así, pero después de leer The Information diet, me convencí de que no es la panacea.

“Transparency wasn’t the universal answer I was looking for. You cannot simply flood the market with broccoli and hope that people stop eating french fries. If large numbers of people only seek out information that confirms their beliefs, then flooding the market with data from and about the government will really not work as well as the theorists predict; the data ends up being twisted by the left- and right-wing noise machines, and turned into more fodder to keep America spinning”.

“La transparencia no era la respuesta universal que estaba buscando. No puedes sin más inundar el mercado con brécol y esperar que la gente deje de comer patatas fritas. Si un gran número de personas sólo busca información que confirme sus creencias, entonces inundar el mercado con datos de y sobre el gobierno realmente no funcionará tan bien como los teóricos predicen; los datos acaban por ser retorcidos por las máquinas de ruido de izquierda y derecha y convertidos en más forraje para mantener a los americanos dando vueltas”.

Daniel Innerarity decía algo en la misma línea hace meses:

“Por otro lado, mientras que la transparencia suele contentarse con la puesta a disposición de los datos, la publicidad exige que esos datos sean configurados como información inteligible por la ciudadanía. La transparencia no presupone un acceso real a la información. Pero es una ilusión pensar que basta con que los datos sean públicos para que reine la verdad en política, los poderes se desnuden y la ciudadanía comprenda lo que realmente pasa. La transparencia es condición necesaria de la publicidad, pero no la garantiza.

Además de límites, la transparencia puede tener efectos perversos. No son pocos los que han advertido que Internet se puede convertir en un instrumento de opacidad: el aumento de los datos suministrados a los ciudadanos complica su trabajo de vigilancia. ¿Cómo puede la ciudadanía realizar bien esa tarea de control sobre el poder?”

O sea, que el cambio en el consumo de la información debe ser asumido como un proyecto personal. O te animas a comer brécol o una ley de transparencia no va a convertirte en un ciudadano en forma.

De dominio público | Opinión | EL PAÍS.

La espiral del silencio y Cataluña

Elisabeth Noelle-Neumann

Elisabeth Noelle-Neumann

Noelle-Neumann era una socióloga alemana que alcanzó la notoriedad tras publicar el libro La espiral del silencio. Nuestra piel social. Lo que viene a decir Noelle-Neumann es que una especie de sexto sentido nos hace detectar que estamos en minoría y nos impulsa a callar nuestra discrepancia. Esa piel social hace enmudecer a un gran porcentaje de personas, como ya había comprobado Solomon Asch en su famoso experimento.

En todas las sociedades hay una tendencia hacia la conformidad.

Por suerte y por desgracia.

Es neutro, es así. Y eso es lo que defendía Noelle-Neumann.

El libro tiene una parte, la más amplia. de explicación histórica de cómo el fenómeno de la espiral del silencio se ha detectado desde hace siglos en la formación de la opinión pública. No es, por tanto, algo nuevo, algo que nace y muere con los medios de masas. Es una constante en la opinión pública.

En la actualidad (ella hablaba en los años 70) las dos fuentes de conocimiento de la opinión pública son la experiencia personal de cada uno, su vivir en sociedad, y los medios de comunicación (industriales, añado yo). Hoy diríamos que los medios sociales no son una tercera fuente sino una especie de segunda piel social, ya que amplían el conocimiento de otras personas y de otros medios de comunicación industriales.

Hoy se me ocurrió retuitear un tuit:

 

El jefe de comunicación de Artur Mas me ha interpelado sobre el tema

Como se observará, con que hubiera puesto el “Hola” inicial, ya llegaba para que todo el mundo viera su tuit, no sólo nuestros comunes seguidores. Pero ha puesto el punto antes. Estaba claro que quería que lo leyeran todos sus seguidores. El resultado a su pregunta ya lo tenía él, me contestó:

Las menciones en Twitter se multiplicaron. No es que fueran en sí un número enorme pero sí que dan idea de que a las 3 de la tarde hay gente que está a la que salta con el tema del independentismo catalán, teniendo en cuenta de que me siguen sólo 1.200 personas y a Joan María Piqué 5.800.

Le pregunté hace unas horas a Piqué dónde podía leer la investigación sobre los tertulianos en TV3 y en TVE pero todavía no me ha contestado. Con esto no digo que no tenga los datos, quizá los aporte más tarde.

 

Twitter no es un buen lugar para debatir. De hecho, me hizo gracia que Piqué dijera, también, que la espiral del silencio no se puede dar en la sociedad actual y que en Cataluña es mentir hablar de espiral del silencio:

Me temo que o alguien no ha entendido bien el concepto de espiral del silencio o no se lo han explicado bien.

La tendencia a dar más valor a la opinión mayoritaria como si fuera unánime es general. Se da en España en determinados temas como el aborto o la pena de muerte o la Monarquía (cada vez menos) y es perfectamente compatible con las redes sociales: es un adanismo pensar que la tecnología nos hace más objetivos, menos asustadizos a la presión social; todo lo contrario, como ya expliqué en algún post hay, más bien, motivos para pensar que la presión social en las redes sociales es más fuerte y descarnada que en la vida no mediada.

Estoy segura de que Piqué es un tipo encantador y simpático que no va llamando a sus amigos para plantear un debate con una persona, como sí ha hecho en Twitter. Son cosas que pasan y que deberíamos aprender a no hacer. Mientras, la dinámica de esta conversación me ha llevado a pensar que convendría que algún académico catalán investigara el tema. Hay materia.

Unbundling, debundling: desagregación +

Jeff Bezos, cuando explicó a la redacción de The Washington Post cuáles creía él que eran los dos peores problemas del periodismo, mencionó la desagregación y la reescritura. Él se refirió en inglés a debundling, pero la he visto escrita como unbundling en más ocasiones.

Qué es:

“La web destruye la integración horizontal. Antes de la web una docena de historias regulares en un solo paquete bastaba para impedir que alguien se dedicara a buscar las doce mejores historias en una docena de publicaciones diferentes. Sin embargo en un mundo de enlaces y ‘feeds’ RSS muchas veces es más fácil que lo siguiente que leer, ver o escuchar llegue por referencia de los amigos que ser fiel a una publicación concreta. La pereza favorece ahora la desagregación: en muchas páginas de noticias generalistas la mayoría de los lectores ven un único artículo al mes” (Periodismo post industrial y el original en inglés).

No es un fenómeno que sólo ataña al periodismo sino a todos los contenidos: la música, la literatura, las enciclopedias, los diccionarios… también a la Universidad. Los MOOC nos permiten elegir un curso de una universidad, no la totalidad de una titulación, por ejemplo.

Es una posibilidad de desagregar contenidos de paquetes que antes había que adquirir completos (un periódico), un nuevo poder de los clientes/audiencia en detrimento, en este caso, del poder de los medios.

¿Cuáles son los efectos de la desagregación?

  1. El alza del periodista marca frente a la cabecera. Más autoridad de la firma frente al medio.
  2. La menor relevancia de la portada. La jerarquía de las noticias establecida por el medio se debilita. La jerarquía de las noticias más vistas en un periódico digital raramente coincide con las destacadas en la portada.
  3. Derivado de lo anterior: una de las formas de fijar la agenda pública, se debilita. El medio no transfiere la relevancia a la agenda pública sino que el público cuestiona esa relevancia.
  4. La prevalencia del interés del público frente al interés público. La audiencia involuntaria no está cautiva, elige sus contenidos y, desgraciadamente, no suelen coincidir con los asuntos que conforman la agenda política sino con los contenidos de entretenimiento o morbosos.
  5. Favorece la desestructuración del conocimiento de la realidad. Demanda una gran formación intelectual el escoger cuidadosamente la información que se quiere consumir para crearse un criterio sólido sobre la realidad política, social o económica. La brecha entre gente informada y desinformada tiende a aumentar. Sólo aquellos con menos pereza y más formación intelectual se atreverán a acometer la lectura de asuntos complejos o alejados de sus intereses más próximos. La información internacional puede ser la gran víctima de este proceso.

Son sólo unos apuntes sobre lo que estoy reflexionando.

Se me ocurre que los géneros más contextuales y narrativos, como la crónica, serían la gran solución a esta carencia. Pero, ahí se trataría de favorecer al periodista marca, con todos los problemas que eso puede conllevar a la cabecera.

 Actualización 10 de enero de 2014:

Añado lo apuntado por Eduardo Arriagada sobre este post.

Y el enlace que Eduardo me pasa sobre lo que él escribió sobre el bundle, sobre la estructuración de contenidos que renace con las tabletas y el ejemplo de The Economist.

The Economist apuesta por el “bundle”