Pongo aquí un texto que encontré tras años de haberlo escrito. A ver si os gusta. Era un argumento, jocoso, contra quienes dicen que los seres humanos somos un conjunto de componentes químicos sin alma.

Coro: Oh ciencia, líbranos de todo mal. Ilumina todos los días de nuestras vidas, prolonga nuestros pasos bajo tu mirada misericordiosa, ordena nuestros impulsos, condúcenos por tus sendas.

Ya: Oh, dioses del Olimpo, escuchad el vagido del pobre mortal que os ha honrado todos los días y os ha ofrecido el fruto de su trabajos sin jamás pediros nada, excepto un portátil Toshiba. Oh dioses, mirad nuestros trabajos y juzgad con juicio justo mi petición atribulada.

Coro: Pide Ya, por esa boca, que los dioses están de buenas.

Ya: Acojan mis ruegos los príncipes de los cielos y los reyes de la tierra. Un mortal como nosotros, Olafo de nombre de la estirpe germana (se supone) usurpa el sitio de Atenea y otros dioses. Marca el ritmo de las estrellas, fija las estaciones del tiempo, cura enfermedades y sana a trompicones, establece los momentos de la risa y el llanto, nace y mata a los ganados, siembra y florece puesto que la madre Gea nada pinta en este cuento. Deus ex machina grita a los cuatro vientos y se atreve con los injertos no sólo de árbol sino también de pelo.

Atenea (mosqueada): ¿Cómo osas presentarte sin descalzar y de esa guisa ante las ruinas del Templo?

Coro: (estaban los dioses de buenas pero la situación ha dado un vuelco).

Ya: (Gracias, Coro, por la ayuda, si te callas aún tiene arreglo). Las sandalias que porto son de crin de camello, las únicas homologadas por el sindicato de farmacéuticos.

Atenea: eso disculpa tu insensatez, mortal de medio pelo.

Ya: Atenea clarividente, inteligencia de Zeus, sol de justicia, guía de ciegos. Este mortal Olafo nos deja sin sustento a los que con esfuerzo nos ganamos la vida contando cuentos. Promete rigor feroz contra los ignorantes vates que cantamos los dislates de biólogos, químicos y fabricantes de ungüentos.

Atenea: Disculpa mortal que no atienda tus angustiosos ruegos pero tal negociado es menester que lo atiendan en la ventanilla del primero. Aquí sólo miramos asuntos de rango mayor como destino, caos, eternidad y dinero.

Coro: ¡vaya corte le ha pegado la portavoz del gobierno!

Ya: Entonces, oh diosa (no es mi intención unir las letras), ¿no tiene este contubernio arreglo?

Atenea: Dirígete a los dioses menores, ellos atenderán tus ruegos.

Coro: Anda Ya deambulando, como contribuyente cualquiera, de ventanilla en ventanilla, buscando solución a su problema.

Ya: Dioses menores, atended de este mortal el ruego. Que aunque menores os supongo oído siempre atento. Digamos que lo que he dicho a Atenea a voz en cuello, haya sido escuchado en las estancias donde me encuentro.

Dioses menores: Si, Ya, hemos escuchado de pe a pa tu argumento.

Ya: Pues juzgad entonces si no es un desconcierto que un mortal como uno mismo se arrogue el papel de maquinista de los humanos cuerpos.

Dioses menores: ¿Dice el Olafo que los humanos son sólo carne y huesos?

Ya: Eso se deduce de sus consejos. Acabará la dicha o el llanto mientras no toque su tiempo, ya que el Olafo promete regularnos hasta molernos. Un buen médico-mecánico nos ajustará el termostato y el reír o llorar, el amar y el odiar dependerá de la temperatura, de las dosis de vitamina E o del permanganato.

Dioses menores: Triste destino, me temo, para los humanos cantores. Seréis borrados del mapa, si los dioses no lo remedian, por regulación de plantilla en las humanas labores. ¿Quién querrá escuchar baladas, chistes o canciones si lo que provoca la muerte y la vida, la diversión y el aburrimiento es una enzima pequeña que se llama linimento, por ejemplo?

Ya: Eso es lo que yo digo, es lo que lamento. A ver si descubrís el error del mortal Olafo, para que este desatino termine en algo cuerdo.

Dioses menores: Solamente una pregunta cabe en este aspecto: ¿Es el Olafo dios de los grandes o los pequeños?

Ya: No es dios alguno, es como nosotros los cuentacuentos. Solamente que él cuenta bacilos, cuenta microbios, cuenta cerebros, cuenta estrellas, cuenta enfermedades, cuenta, cuenta, cuenta y de tal cuenta deduce como ha de ser nuestra vida en esta tierra.

Dioses menores: Es arrogancia suma fijar la ruta de los astros en el Cielo, pero fijar la ruta de los humanos pequeños es tarea que ni los dioses se atreven con ella. Sois los humanos impredecibles, caprichosos y anárquicos. No creemos que los propósitos del mortal Olafo alcancen su cumplimiento. ¿Es que el mortal Olafo no necesita de mecánico-médico? ¿Es que todos sus humores, tornillos y pernos están ajustados para su perfecto funcionamiento? ¿Es que el mortal Olafo nuca sufre murria y aburrimiento? ¿Sabe siempre por qué de su ánimo el razonamiento? ¿Mide sus pasos sólo con tino y entendimiento? ¿No yerra nunca su mente, no le huele nunca el aliento?

Ya: Sobre este pormenor no tengo conocimiento, pero si no es dios es mortal. Ha de errar, creo.

Dioses menores: Pues si sujeto al error está su entendimiento, la pura evidencia sale a su encuentro. Condenamos al tal Olafo a que ría a destiempo, que llore cuando le plazca, que no regule cual mecánico su comportamiento. Y a ti, Ya, por chivato justiciero, te condenamos a que pagues tu descaro con el destierro. Así tendrás tema para llorar y no harás teatro barriobajero.

VALE