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Socialdemocracia y laicismo no necesitan ir de la mano

Hace unos días leí una crítica de un libro que me apeteció mucho leer, Nueva izquierda y cristianismo. Voy a hacer algo que no debería, opinar del libro sin haber terminado de leerlo, pero es que hoy me he encontrado con otro escrito, en el blog de JJ García-Noblejas Scriptor.org: Alejandro Navas: la curiosa postura de Rubalcaba ante la religión y el Vaticano y ambos escritos tratan del mismo tema.

Ya digo que no he terminado el libro, que está lleno de documentación, de manera que en cualquier momento puedo rectificar lo escrito.

La tesis central de este libro es que la izquierda, habiendo fracasado durante el siglo XX en su programa clásico (el socialismo), ha sustituido en el XXI la revolución socio-económica por la moral-cultural. Ideas y políticas como la liberalización del aborto, la redefinición del matrimonio, la promoción de «nuevos modelos de familia», la implantación de la Educación para la Ciudadanía, el feminismo radical, etc. no son «cortinas de humo» para distraer la atención, sino la esencia de la nueva izquierda postsocialista.

Creo que aquí hay una polarización innecesaria y que no existe en la realidad:

  • La revolución moral-cultural que intenta subvertir la naturaleza humana y propiciar una cultura de la muerte no es patrimonio de la izquierda.
  • La idea del matrimonio y del derecho a la vida no es patrimonio del cristianismo, menos todavía de la Iglesia católica.

 Es mucho más fácil someter al ser humano con placer que con dolor

Y, en segundo lugar, en el libro se extiende a la izquierda mundial lo que no deja de ser una peculiaridad castiza del PSOE. Afortunadamente ni el PS francés ni el alemán tienen estas ansias sesentaiochistas del PSOE y de eso escribe Alejandro Navas en el enlace anterior a Scriptor. Lo que le ha pasado al PSOE de Zapatero es que se ha radicalizado y no era (es) socialdemocracia sino extrema izquierda en lo cultural, que no en lo económico.

El afán de subvertir la familia, de extender la ideología de género, de imponer el control de la natalidad son de un origen nada socialista, son ideas que nacen en el seno del protestantismo anglosajón, se reencarnan en la opulenta California de Marcuse y Paul Ehrlich. Sí, el mismo Ehrlich que recibió un premio de 100.000 € de nuestros impuestos gracias a un premio que le concedió el anterior presidente de la Generalitat, Montilla.

Para los que no se fían de estudios o informes de sitios que estén a favor de la vida, simplemente es bueno leer esta entrevista que le hicieron a Ehrlich en El País y repasar la cantidad de veces que llama estúpidos, egoistas e irresponsables a la gente que no opina como él; es un buen termómetro de su capacidad de razonar. También se puede leer en este enlace algunas de sus ideas.

Ahí, en el sesentaiochismo, es cuando la cultura de la muerte se alía con la izquierda radical (New Left), pero nunca con los partidos socialdemócratas ni con los comunistas sino con el hippismo. El hedonismo, la búsqueda de un mundo feliz basado en la utopía placentera de Huxley sustituye a la otra utopía de izquierdas, basada en el dolor de 1984. Es mucho más fácil someter al ser humano con placer que con dolor.

Esas ideas que buscan atajar el pretendido boom poblacional en nuestro planeta, están ahora en el seno de fundaciones tan poco socialistas como la Fundación Rockefeller, la Fundación Ford o la Fundación MacArthur que ya en los años 60 buscaron el apoyo de la ONU y el gobierno americano para expandir sus ideas. Son ideas ancladas en una mentalidad profundamente capitalista que hoy en día encuentra apoyo de gente milmillonaria como George Soros o Bill Gates.

Atribuir a la izquierda esa inspiración de desestabilizar la familia es, paradójicamente, beneficiar a esas ideas. La izquierda tiene todavía buen cartel como conciencia crítica de la humanidad, como si fuera el motor del cambio y el progreso en la sociedad. Si uno atribuye falsamente a la izquierda la maternidad de estas ideas, se encontrará con que cientos de miles de personas de izquierdas se suman al carro de defender el pseudo matrimonio gay y el aborto sin que -en realidad- nunca hayan entendido muy bien cuál es su necesidad.

En España el cuerpo huesped más importante de ese virus eugenésico ha sido parte del PSOE, pero no confundamos el cuerpo enfermo (el PSOE) con el virus, que está también vivo y habitando en muchos sectores del PP y que, sobre todo, busca infectar las estructuras que están junto al poder y el dinero; le importa una higa si es de la izquierda o de la derecha.

En la medida en que el PSOE se queda sin poder pierde interés en infiltrarlo y buscará acomodo en el PP (en donde ya tiene defensores y donde ya está asumido por muchos de sus dirigentes).

¿Y qué papel desempeña la Iglesia en esta batalla? Decía arriba que no es la Iglesia la que tiene el patrimonio del matrimonio y de la defensa de la vida, afortunadamente. En esa batalla encuentra a su lado a casi todas las iglesias cristianas -especialmente a los evangélicos useños-, a muchos judíos, musulmanes y muchísimas personas sin credo religioso reconocible. Pero la Iglesia católica es un obstáculo de vanguardia para la cultura de la muerte por varias cuestiones: la figura universal del Papa, el papel diplomático de la Santa Sede en los organismo internacionales y la interlocución pública que realiza a través de sus obispos. Un ejemplo reciente de esto último lo tenemos en el asunto ObamaCare. Ése es el motivo por el que la Iglesia molesta.

No nos distraigamos, la cultura de la muerte no es patrimonio de la izquierda y con el poder casi omnímodo que tiene y tendrá el PP y parafraseando a la madre de Pagaza, podemos decir al PP “Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son”.

 

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